wilas que sk8ean: intro


esa mae en lagos


 
la única foto que tengo de lagos

la única foto que tengo de lagos

en los lagos de heredia hay un skate park que pasa lleno el 98.3% del tiempo que he ido. sean las 8am un sábado o las 2pm un martes, siempre hay gente. dicen algunos que es porque es uno de los mejores parques que hay en costa rica, que es como un gimnasio, con de todo para todos. 

los que llegan a patinar en su mayoría son hombres. parecen ser maes en sus 20s pero creo que el rango de edades es como de los 12-30+. con certeza puedo afirmar que no se ve mucha chica de los 0-100+. de hecho, y por ahí va esta historia, cuando comencé a ir a lagos yo solía ser la única mujer. en las 2 ocasiones -máximo- en que llegaba otra, era una muchacha de 14-15 años que probaba la pati tímidamente un par de veces y se iba. a causa de esa escasez y timidez femenina que por mucho tiempo presencié, mi percepción del patín femenino era que no había patín femenino, al menos no en costa rica.

lógicamente estaba equivocada. un día hice un amigo, que tiempos después resultó ser mi novio, y quedamos de ir a lagos un sábado a las 7am (que es a la hora que a mí me gusta ir), pero él llegó tarde y entonces llegamos tarde y nos quedamos hasta más tarde de lo normal y ahí fue cuando descubrí que no es que no haya patín femenino, es que somos pocos los que logramos llegar a un skatepark a las 7 de la mañana un sábado.

en mi mundo ideal, que por rígido es poco realista, yo llego a Lagos a las 7am para poder patinar sola antes del sol y el gentío. gradualmente, tipo 8am en adelante, se empieza a llenar, para las 10am el sol inclemente herediano me devora viva y la gente con sus patrones de patín avanzados me marean, y en realidad para las 9:30 ya salí huyendo por la moral de estar asoleándome la cara como quinceañera.

ese sábado que me atrasé por recoger al futuro novio terminé patinando hasta más allá de mi horario normal y entre el llenaso y el sol voraz de ya casi las 11am, llegó una mae a patinar y esa mae patinó como ninguna mujer, muchacha, chica, nena, joven, niña, adulta, señora, adolescente que yo había visto patinar hasta la fecha. 

¿qué recuerdo de la mae? que era seria, enfocada, no estaba ahí para ser vista por maes ni para ligar, lograba trucos que yo nunca había visto a ninguna mujer lograr y más que cualquier otra cosa, pegaba demasiado, demasiado, demasiado estilo. 

nunca olvidé a esa chica porque antes de ella las mujeres que yo había conocido patinando por lo general me daban pereza porque sentía que venían para ser vistas, o nada más eran neutrales e inaccesibles, aisladas como yo en burbujas de timidez o seriedad. pero esta mae patinaba épico y eso sólo me generó admiración e intriga.

para mi definición personal e inventada, "patinar épico" es alguien que llega a utilizar la pati como un medio de expresión. o sea alguien que, en vez de estar en esas de que la pati por un lado y uno por el otro con miedos y desequilibrios, al patinar muestra algo único sobre su ser que no se ve en ningún otro momento, sólo sobre la patineta. "patinar épico" es una forma de expresión genuina, no es como esas tonteras fáciles, superficiales de que si usted usa birkenstocks es hippie, si usa tacones es femenina y si usa tennis marimacha (a excepción de keds y converse que son cute y tennis de gimnasio que son light).

esta mae y su patinado épico ampliaron mis horizontes. la wila era un revoltijo poderoso de expresiones y mañas y capacidades sobre el patín que contrastaba hermosamente con las chicas tiesillas y timidillas y seriesillas que conocía hasta la fecha -yo incluída-. ella me hizo de verdad saber, más que creer, que a pesar de ser un mundo mayoritariamente masculino, el mundo de la pati no tiene género. la patineta es un juguete sin dueño que en el caso de las mujeres, no se limita a la tiesura, ni tampoco implica parecer o comportarse como un mae. contrario a lo que había escuchado de haters de mi pasado, las mujeres sí pueden patinar.

 

 

(ahora paréntesis con esa historia de lagos, es importante explicar por qué todo eso fue tan impactante y revelador.)

antes de ese sábado en lagos, mi experiencia con la pati se limitaba más que todo al año que viví en San Francisco, California. ahí en diciembre del 2015 mi encuentro con una penny ajena y unos pasillos lisos de concreto lujado me antojaron de comprarme mi propia penny. recién salida a vacaciones de la u me fui al mission skateshop a preguntar por la bicha. por razones que yo desconocía en su momento, era obvio que jamás ahí iban a vender pennys y seguro fue un insulto que haya entrado ahí preguntando por una. a mi me dio igual si penny o lo que fuera, ruedas son ruedas, entonces me compré un deck normal y dejé que el mae de la tienda la pimpeara como él quisiera, yo sólo quería aprender a rodar.

por insistencia de mi hermano que lleva 19 años patinando, ya con pati me metí a google maps para ver si habían skate parks en san francisco y descubrí para mi sorpresa, que vivía a 10 minutos de Potrero y Balboa, y a 20 minutos de SOMA. potrero se veía bonito en fotos. con ojos de una persona que nunca había patinado lo que me sedujo es que se veía espacioso y estaba rodeado de zacate y árboles, no que tuviera un bowl terrorífico o una pared como tres veces mi altura.

potrero

potrero

entonces un día me fui para potrero, me senté en las colinas de zacate que rodean el skatepark e inmediatamente me sentí como en casa. por primera vez en esa ciudad cuadricular, tan opuesta de mi querida y desordenada costa rica, sentí ese bienestar sutil y perfecto que siente uno cuando está justo donde quiere estar, tipo frente a la playa en costa rica a cualquier hora de la vida.

a pesar de que me sentía tan bien, jamás pensaba patinar. había sólo un crew de maes y le estaban dando durísimo al skate y a la birra. pero al muy poco rato un mae de ese crew me preguntó a gritos, como para que todos escucharan, que si planeaba patinar o que si sólo me iba a quedar ahí sentada. no me quedó de otra que intentarlo, motivada puramente por la tortura de mi vergüenza. me fui a rodar a lo planito del parque y eventualmente se acercó un roco, me prestó la pati de él porque tenia los trucks más flojos y me dio mis primeros consejos: aprenda a rodar antes que nada y ponga bien los pies en la pati o se va ir de jupa contra el concreto.

entre mis intentos temerosos de rodar, conversamos un poco. él me preguntó que qué hacia en SF, yo le respondí que estudiar arte y que no, no sabía qué quería hacer de mi vida, a lo que él respondió que a él por dicha las cosas se le alinearon casi mágicamente para hacer lo que hacía de su vida, sin decirme qué hacía y sin yo preguntar. total, resultó ser un consejero agri-dulce, alentador con el patín pero siempre dispuesto a insistir que con mi falta de ubicación personal se me iba a hacer difícil el camino de la vida. para finalizar la sesión me preguntó que si me quería ir de fiesta con ellos, pero eran las 11am un miércoles y como que no pintaba bien la cosa.

de verdad que la inocencia nos protege de muchas cosas. ese día en Potrero yo desconocía de forma total y absoluta que:

1)   San Francisco es considerado por muchos como la “mecca del patín”. (Así me describió la ciudad un muchacho de Nashville que en ese entonces recién se había mudado a SF y que hace 2 días me salió en el Instagram de Gnarhunters, la marca de Elissa Steamer y FTC, modelando chemas de la marca.)

2)   Potrero es un parque famoso, un toque gnarly, competitivo y territorial donde Chico Brenes cae a diario, Tony Trujillo se da la vuelta en bici con su hija para chillear y Andy Roy recoge las latas vacías de birra que decoran el parque mientras le vende a uno trucks y ruedas y lo que usted necesite.

3)   El consejero agri-dulce fiestero que me dio mis primeros tips del patín se llama Jake Phelps, se estaba refiriendo a que las cosas se le alinearon en la vida de él para ser el editor de Thrasher, es una leyenda del patín que muchos aman y muchos odian, y así como ese día estaba hecho un amor, la siguiente vez que lo vería, en vez de saludar optó por burlarse fríamente de mi atuendo con el fin de que lo escucharan sus groupies.

4)   A pesar de ser lo que es para el patín, en San Francisco no abundan las mujeres con patinetas y si usted es mujer se lo van a hacer saber.

potrero #2

potrero #2

Estos detalles los descubrí hasta después y de forma gradual, pero desde aquel día en Potrero comencé a percibir, de forma más intuitiva que cerebral, que el patín tiene un valor y significado enorme para muchísimas personas, comunidades y lugares.

Durante los primeros meses de mi romance con la pati me obsesioné con Potrero. Me encantaba todo lo que pasaba ahí, desde patín hasta BBQs improvisados donde cualquiera era bienvenido, quemas en los baños públicos, gente acampando en el bowl, apuestas constantes con dados, ex – pros ex – encarcelados, ex – pros ahora indigentes tostados atacando al que se le pusiera en frente con sus zapatos o con ramas de árboles, etc.

Exploré SOMA pero no me gustó mucho, el ride se sintió más hostil, resultado tal vez de ser un lugar que atrae a los más buenos que no quieren que les estorben y a todos los aspirantes a pro que quieren que los vean. Visité Balboa un par de veces pero es medio sin gracia, no tiene árboles ni zacate y cuesta mucho hacer una línea si uno es principiante y le da miedo droppear.

nathan , china banks

nathan, china banks

Eventualmente mis amistades y una mudanza me llevaron a China Banks y al parque que lo colinda. Por las mañanas me hacía mi avena con canela, la ponía en un tupper y me iba para el puente a disfrutar del sol, el billón de palomas y las múltiples sesiones diarias de danza tradicional china. Después intentaba supuestos wall rides muy más allá de mis capacidades cuando los guardas no estaban viendo y cuando sí estaban viendo observaba como llegaban los turistas sobre patinetas a imitar los wall rides que habían visto en las páginas de Thrasher y me reía, jugando de local, cuando segundos después los guardas los echaban por novatos.

Por las tarde veía a mis amigos saltarse conos de tránsito y por la noche veía a los craqueros quemar esos mismos conos, orinarles encima y luego venir a hablarnos por una hora sobre la sétima dimensión. Una vez fui sola al parque al atardecer a practicar el ollie y un indigente local de origen asiático y poco inglés que siempre usaba un casco de construcción blanco me llegó a gritar palabras indescifrables, me sacó los puños, me arrinconó y me amenazó con agredirme si no me iba del parque porque white bitches don’t skate. a lo que huí entre grupos de chinos indiferentes a mi terror. 

Fui también mucho a Pier 7, donde entre los tumultos de gente joven ganando cantidades absurdas de plata gracias a sus startups y de turistas sobre-entusiastas botando plata en restaurantes exóticos e inalcanzables para mi paladar antojado, yo me sentaba con mi birra y mis audífonos a ver el mar, intentar el ollie, ver el mar, intentar el ollie.

Una vez fui al pier a toparme a mi mejor amigo, Turtlesmasher, quien con mucha emoción, inusual para lo amargado que suele ser, me sentó a la par suya y con disimulo me indicó que esos dos maes patinando la banca eran Richie Jackson y William Spencer. Yo no sabía quienes eran y tampoco hicieron nada muy fuera de lo normal entonces sólo admiré la belleza de William Spencer y el exótico look de Richie Jackson, que patina con pelo largo, un super bigote tipo pirata y vestimenta como de los setenta. Seguidamente me fui a practicar mi proyectito del momento, bajar 3 graditas rodando. Cuando las logré bajar Richie Jackson me felicitó o se despidió, no sé, la cosa es que me dio un high five y después jalaron. 

san francisco, foto:  sadie nott

san francisco, foto: sadie nott

No frecuenté las cuestas de San Francisco. Nunca supe ni quise mandarme de cuestas, pero a mis amigos, a quienes la intensidad de San Francisco les encajaba de maravilla, les fascinaba. No fui con ellos pero si presencié las consecuencias. En 2 ocasiones acompañé a mis amigos al hospital porque los habían atropellado patinando. Otro día me topé a Phelps con vendas sobre la frente por que lo habían atropellado el día anterior bajando una cuesta. Otro amigo, que ahora es insta-famous porque su desmedida pasión por las cuestas le ha ganado la atención recurrente de Thrasher, también en una de esas pasó por debajó de un carro o por encima, no recuerdo.

A medida que fui descubriendo las historias, intrigas, maravillas y peligros del patín, la ausencia femenina se fue haciendo más tangible. Ahora en retrospectiva recuerdo cuatro situaciones en particular que tuvieron un impacto significativo sobre mi noción de la patineta y el género.

1) Durante todo el tiempo que estuve en San Francisco sólo vi a 4 chicas patinando y a todas las vi en Potrero. Una fue la novia de Andy Roy, callada y enfocada en la pati y el novio, otra una latina joven como de 18 años que se ponía audífonos y se concentraba en lo suyo, otra que le dicen Yeah Yeah que le cuadra nada más rodar rápido y mandarse de cuestas, toma birra, tiene como 40, y según sus amigos manda huevo que no haga el ollie con tanto que lleva de patinar, y otra que sólo recuerdo que tomaba birra y fumaba weed en grandes cantidades y que se reía a carcajadas que hacían eco por todo el parque. Las cuatro disfrutaban del patín, lo practicaban por variados motivos y con diferentes intensidades, pero ninguna se aproximó al nivel de los maes que patinan por esa ciudad.

2) Un día entró Elissa Steamer a comprar un leash o algo a una tienda de surf donde trabajé. Yo no sabía quién era Elissa Steamer entonces los maes del trabajo me enseñaron un video de ella patinando y me actualizaron al respecto: vive por SF, es tuanis, ahora frecuenta más las olas marinas que las de concreto. Nunca la vi patinar y en mi memoria mantuvo su status de figura mítica poco real, tipo la Elissa Steamer del juego de play.

3) En otra ocasión descubrí la organización nacional llamada Skate Like a Girl, la cual busca promover y apoyar el patín femenino. Conocí a dos de las representantes un día entre semana en Potrero pero nunca más me las volví a topar y tampoco las contacté porque hasta ese momento no había vivido el tipo de situaciones que explican por qué nacen y existen organizaciones de este tipo. 

4)   Algo sobre una mujer con una pati en san francisco siempre llevó a este tipo de intercambios unilaterales: en el bus un indigente, señalando la pati me pregunta que si: “sabe usar eso?” saliendo de mi choza a las 7am, un día entre semana, unos maes sin patinetas al otro lado de la calle me gritan algo, no les escucho, "qué??" les grito, y con esfuerzo repiten “sabe grindear?” un mae, trabajando en un hotel, mientras voy caminando por la acera: “haga el ollie!”, un ex - amigo “las mujeres no pueden patinar.” 

Lo que fue destruyendo mi dulce inocencia referente a los pros y los Richie Jackson y Thrasher y Elissa Steamer y Pier 7, fue el punto 4. Poco a poco esos comentarios me fueron llenando de pena por no poder hacer el ollie, me llevaron a querer esconder la pati para que no se vieran los trucks poco gastados, empecé a patinar con audífonos para proteger mi privacidad, y así me dejé intimidar por los maes y sus comentarios que aunque bien entiendo reflejan más sobre el significado del patín para esa ciudad y las presiones competitivas que existen que sobre mis capacidades sobre una pati, aún así carcomieron el sencillo y satisfactorio goze que me generaba el sólo andar rodando sobre 4 ruedas.

 

 

(Esto todo es relevante porque no sólo explica por qué el estilo de esa chica en Lagos me impactó tanto, explica también por qué el mundo del patín en Costa Rica no me deja de fascinar.)

1 año después volví ya a vivir a Costa Rica y descubrí que el patín tiene identidad regional. A diferencia de, por ejemplo, la arquitectura contemporánea, donde a pesar de que el diseño se adapta a la región no se puede decir que existe arquitectura tica o gringa, el patín sí adquiere mucho del lugar de donde emerge. ¿Qué más explica que patinar en Costa Rica se siente como vivir en Costa Rica, mientras que patinar en San Francisco se siente como vivir en San Francisco?

San Francisco es un lugar rápido, agresivo y competitivo. Cosas, proyectos, ideas y gente nacen, crecen, cambian y mueren a ritmos tangibles.  El patín ahí es igual: rápido, agresivo, competitivo, pichaseado y grotesco. San Francisco es cuestas abismales, gradotototas, barandotototas, vuelotes sobre árboles de navidad prendidos en fuego, atropellos, quebraduras y lesiones constantes, sangre, birra, drogas, cuerpos chocando contra cuerpos, velocidad, vea quién llegó, quiero ser pro, odio a los chamacos que vienen a tratar de ser pro, testosterona, el sueño americano skate, y muy pocas mujeres.  En Costa Rica hay ideas, proyectos, personas. Las cosas nacen, crecen, mueren. Hay barandas, gradas y objetos prendidos en fuego. Pero por algo las imágenes icónicas de Costa Rica promueven hamacas y arena mientras que las imágenes icónicas de San Francisco promueven llenasos y cuestas.

costa rica

costa rica

Tal vez la clave es que en Costa Rica hay espacio.  Aquí, y sin ganas de idealizar, hay espacio para llevarla suave y vivir al suave más fácilmente. En San Francisco exactamente lo que no hay es espacio. Yo pagaba $720 mensuales para vivir en un cuarto dentro de un hotel donde compartía cocina y baño con al menos 20 inquilinos de todas edades y grados de higiene. Hotel cuyo sótano hace poco se prendió en llamas y donde en una ocasión me topé a policías y una sábana blanca sobre el cuerpo de un inquilino que murió, según entendí del inglés con muy fuerte acento chino de la gerente, por vejez. La muerte no es tan infrecuente en este tipo de chantes donde terminan viviendo jóvenes con ambiciones poco lucrativas, extraños muy extraños y adultos mayores con historias y malestares desconocidos.

Si usted decide mudarse a San Francisco para patinar, es totalmente lo opuesto de lo que la ciudad requiere o desea. San Francisco es la cuna de Uber, Airbnb y Twitter. Ahí vive Mark Zuckerberg, hay paradas de buses donde, de lunes a viernes, los Googleros y Facebookeros hacen fila para su emigración diaria y gratuita hacia ciudades más espaciosas y menos costosas donde se encuentran las sedes de dichas empresas. En un lugar donde todo es tecnología y programación, la patineta es otro idioma (a excepción del Booster Board, una pati eléctrica de $1300 que se ve a menudo por la ciudad) y si usted quiere vivir ahí para patinar sus bretes no van a ser fáciles, placenteros, ni lucrativos y lo van a llevar a interactuar a diario con los habitantes de una ciudad cuya realidad es mayoritariamente opuesta y ajena a la suya.

Si usted decidiera irse a vivir a Costa Rica para patinar, probablemente tampoco le iría tan bien en el ámbito monetario, pero existen las condiciones físicas, económicas y sociales para hacerlo cómodamente. Por ejemplo, usted podría irse a vivir a Nosara y patinar, surfear y trabajar alrededor de gente con la que seguro va compartir valores, perspectivas y ritmos de vida. Si usted ya vive en Costa Rica y patina, puede vivir sól@, con su mamá, con sus tíos, abuelos, patinar el parque más cercano, y formar parte integral de una diversidad laboral, desempleada o estudiantil que no se ve opacada por el impacto económico, social y cultural que genera un ambiente mono-laboral.  En otras palabras, su decisión de patinar y el estilo de vida que conlleva no es tan aislante aquí como lo es en un lugar donde absolutamente todo, cultura, comida, economía y desarrollo, gira alrededor de una sola rama -muy cara- de la economía. 

Cuando recién regresé a Costa Rica y fui a un skatepark, mi primera impresión fue que las personas patinaban lento. Entiendo ahora que aquí no es que se patina lento, es que se patina sin, o con poca, tensión y agresividad.  Aquí no hay que ser agresivo para darle, en los parques hay espacio para todos y si no lo hay no pasa nada, nos sentamos, chilleamos, o nos vamos a otro lugar. (Me refiero únicamente al contexto de los parques porque por falta de capacidades básicas, llámese ollie, yo no patino calle.)

En San Francisco la velocidad es un estilo, pero también es una necesidad que surge de la competencia, la agresividad y la auto-destrucción que se generan por un sin fin de factores, entre los cuales no dudo que está ese aislamiento del que les hablo, dirigido hacia los que intentan crear un espacio alterno dentro de la ciudad, sea por medio del patín o del pincel.

De veras no es por idealizar. Son las características particulares de cada lugar las que, desde mi experiencia, permiten que en Costa Rica existan personas como esa chica que llegó a Lagos pegando estilaso y capacidades rajadas que no había visto nunca, mientras que en San Francisco cueste tanto ver a una mujer patinando con la libertad que se requiere para alcanzar buen nivel o buena confianza.  

Muchos meses después de ver a esa mae en Lagos y nunca saber quién era, Solowood anunció por Instagram que @guzaad se estaría uniendo a su equipo. Pues adivinen quién salía en la foto, sonriente, feliz como una lombriz abrazando su pati: aquella wila de Lagos, Adriana Rodriguez.

foto que sacó Solowood en Instagram anunciando el patrocinio de Adriana Rodriguez. Foto:  Solowood

foto que sacó Solowood en Instagram anunciando el patrocinio de Adriana Rodriguez. Foto: Solowood

A los pocos días del patrocinio de Solowood, cuando al dele era apenas un dominio recién comprado, contacté a Adriana y le pregunté si eventualmente la podría entrevistar para este proyecto. La mae me dijo que sí y cuando finalmente la conocí resultó ser una teja, una payasa y una persona que soy feliz de haber conocido porque es un alma vieja y necia que, un poco como Jake Phelps, siempre tiene un consejo agri-dulce que compartir y una birra que ofrecer a deshoras entre semana.

wilas que sk8ean es una seria de entrevistas/historias que tratan sobre Adriana y varias chicas de Costa Rica que rockean el patín y que si tuviera la plata las montaría a todas en un avioncito a repartir tetica en San Francisco.