por qué el basureo

Diecisiete años,  Andrés Murillo. Imagen cortesía del artista.

Diecisiete años, Andrés Murillo. Imagen cortesía del artista.

sobre arte prefiero pensar que no sé nada. no considero que para disfrutarlo o ser partícipe es siempre requisito saber mucho al respecto. he llevado clases de historia del arte en las que nunca logré recordar por qué esas vasijas de la antigua grecia que me enseñaban en fotos son tan pertinentes. todas las explicaciones que me daban me entraban por un oído el día de la clase y me salían por el otro el día del examen. verdaderamente sí trataba de recordarlo, pero esa tarjeta de memoria cerebral encargada de absorber información fotográfica como que caducó con esta explosión de imágenes que bendicen nuestro diario vivir. sin embargo, y en mi defensa, cuando he ido al museo metropolitano de arte en new york me enamoro total y completamente de esas mismas vasijas: que hijueputas más gatos, pienso, vea esta belleza de objeto que hicieron, es tanto su power que a la fecha de hoy todavía brilla con un encanto indescriptible que seduce y asombra a millones de ojos sin requerir descanso alguno. esa vasija da y da y da belleza y conmoción, la regala infinita y gratuitamente por los siglos de los siglos; no se le muere la batería ni sufre de obsolescencia programada. eso es, para mí, uno de los poderes más grandiosos del arte. 

muchas veces con el arte me ha frustrado la misma ingenuidad que me permite admirarlo e intentarlo. cuando estudié bellas artes en san francisco lo que primero sentí fue una felicidad enorme por estar rodeada de personas creando por mil y un razones. caminaba por el edificio y por todos lados me topaba con proyectos y gente breteando, que esculturas de madera y barro, que cuadros coloridos o descoloridos, que fotos, video, murales, lo que fuera. me fascinaba porque para mí el crear arte es un regalo grandioso y delicioso y sumamente místico. admiro total y completamente a aquellos que logran ignorar y/o sobrepasar todas esas barreras que hay para crear, empezando con la mente propia diciéndote que lo que hacés no es suficientemente bonito,profundo,original,auténtico,real,sincero,relevante,contemporáneo,conceptual,pensado,dialogado,examinado.

así que aunque no me moviera el piso esta pintura o no lograra comprender aquel performance, eso no me era tan primordial ni relevante como la calidez y el placer que me daba ver que estuviéramos aquí todos respetando y honrando este deseo/necesidad de crear-comunicar-expresar.

así fue al principio, pero luego me topé con eso del basureo. mientras que yo me quedaba boquiabierta al ver que jaimito había hecho este cuadro que tenía frente a mí, pedrito a la par me decía o le decía a alguien más -pero nunca a jamito- que el arte de jaimito es una basura, que no sabe lo que hace, que no le gusta en lo absoluto y chau, que no tiene estilo, que no tiene concepto, que lleva ratos ya haciendo lo mismo, que lo que hace se parece demasiado a lo que hace teresita. así fue una y otra vez. silencio, indiferencia, susurros, miradas evasivas, malas vibras. nunca crítica constructiva, siempre una presencia muda, invisible, opresiva. 

yo pensaba que era una vara de san francisco y busqué justificarlo como una corrupción del proceso causado por la limitada infraestructura artística que hay en esa ciudad: a los artistas no les da la harina para vivir ahí, los espacios de exposición son pocos, y hay un enormísimo poder adquisitivo que se invierte muchísimo más en apartamentos y comidas sobrevaloradas que en arte. supuse que eso inevitablemente llevaba a una competitividad e inseguridad del artista y nada que hacer. 

ante este choque entre lo que yo admiraba y lo que los demás aprobaban, traté mejor de adaptarme. cualquier idea o deseo de crear que me llegara lo pasaba primero por 70 filtros recientemente adquiridos, y así lo que finalmente creaba era una vara ya tan disecada y aburrida que ni a mí me interesaba. yo misma asesinaba mi propio deseo de crear sin siquiera darle chance de ser. por dicha ahí en medio de esa metamorfosis indeseada llegó mi angelito salvador, una profesora re-contra mega badass que se llama alicia mccarthy (búsquenla, su arte es espléndido). 

alicia es de esas personas todas sabias que lo leen a uno mejor de lo que uno se lee a uno mismo. mi transición de crear con amor a asesina de mis creaciones no fue consciente, yo no sabía en lo que estaba. después de comentarle varias ideas a alicia, ninguna aterrizada porque no me convencían lo suficiente, la mae simplemente me dijo que mejor me sentara con una botella de vino y un purito o lo que necesitara para permitirme crear sin tanta majadería mental. también alicia me introdujo a agnes martin y con eso eventualmente encontré de nuevo el respeto para dejarme crear lo que me diera la gana sans 70 filtros de por medio.

par de años después, de vuelta en costa rica y con mi ingenuidad recargada, me mando a montar al dele. la premisa siendo que no volvería a caer en las trampas de tomarme muy en serio ni de tomar muy en serio lo que otros me dijeran. yo quería crear un espacio de apoyo donde no existieran esas tramas del basureo y la competitividad y eso iba a hacer y eso he tratado de hacer. ha sido una exquisitez total porque siempre me dan bola los artistas. yo no me imaginé que estarían tan abiertos a hablar sobre su trabajo y wow de verdad que es para mí un honor y un placer constante ver que sí. pero y sin embargo mi luna de miel se ha topado recientemente con ese mismo monstruo del basureo que se infiltra por las venas del arte en san francisco. 

por ejemplos,

hace un rato hizo un sábado lindísimo de sol y alguito de lluvia pero no mucha, en el que habían no una, no dos, sino tres eventos de arte en tres espacios diferentes. parecía como si se hubieran puesto de acuerdo porque se acomodaron perfectamente en cuanto a ubicación y horario para que el que quisiera pudiera ir a los tres eventos. no sólo quedaban sumamente cerca el uno del otro, tan cerca que se podía caminar a los tres, sino que además uno empezaba a las 12 mediodía, el otro a las 3pm y el otro a las 7pm. 

fui a los tres eventos. el primero era una expo de 11 artistas, el segundo una expo de 2 artistas, el tercero la inauguración-celebración de una diseñadora en un espacio que además expone arte de no me queda claro cuántos artistas pero digamos que mínimo 4 máximo 9. más allá del arte expuesto, más allá de la cantidad de personas que asistieron a cada evento, lo que vi es que a ningún evento llegó una misma alma que había visto en alguno de los otros eventos. por allá le comenté a alguien este tema y por allá surgieron respuestas poco convincentes de que es que sabían que tal expo no iba a estar tan buena, o que apenas esa tarde se habían enterado de que habría expo en tal lugar. 

en otro momento hay una convocatoria en la que lógicamente algunos son elegidos para la exposición y otros no. sale a la luz un basureo público, bien light pero ciertamente presente y visible. si en estas circunstancias su reacción hacia el rechazo de sus obras viene de un deseo de comprensión o superación genuino, y no del hábito compulsivo y naturalmente humano de basurear, ¿no tendría más sentido esperar a ver la exposición de las obras y a partir de ahí, si aplica, generar una crítica coherente dirigida al debido receptor: jurado, institución, artista?

finalmente, en varias ocasiones he conversado con personas sobre estos espacios nuevos que han emergido y entre comentarios semi-entusiastas de que qué buenas iniciativas, siempre se asoman las críticas: ah si, la expo de inauguración de ese espacio no estuvo tan buena, este otro muy caótico, faltó curaduría, o desinteresadamente, ah ese espacio no lo conozco (como si fueran 20 espacios nuevos que surgen a diario). 

todo esto que les comparto ha pasado recientemente y es tan pero tan sutil que adonde lo escribo casi que se quiere evaporar porque parece insignificante, pero es que en lo más mínimo lo es; yo sólo estoy viendo la punta del iceberg. yo soy nadie y por ese motivo me sorprende muchísimo ver la clase de comentarios que se asoman en estas conversaciones con desconocidos o poco conocidos en los que no hay confianza alguna. si son capaces de dejar asomar estas críticas sutiles frente a mi, pues ya me puedo imaginar qué no me están diciendo y que sí dirán cuando están en confianza.

entonces realmente me gustaría saber por qué en un país tan pequeño con espacios, iniciativas y recursos tan limitados, hay este nivel de basureo con palabras y acciones . ¿qué propósito cumple? ¿qué ventaja trae? ¿qué bien genera el no ir a eventos, no apoyarlos, no conocer lo que tienen que ofrecer? ¿qué crecimiento trae, o qué fin tiene decirme a mí sus críticas? si sus observaciones vienen de un buen lugar y usted considera que su crítica es válida, entonces ¿no será mejor decírselas a los que manejan dichos espacios para que por medio de diálogo y unión puedan todos moverse hacia la creación o el refinamiento de lo que sí tenemos que ofrecer al país y por qué no, al mundo?

encima de eso ayer leí esa nota de que cierra esa galería en escazú, lugar que como san francisco tiene un poder adquisitivo enorme y también un enorme vacío cultural, y nada más no logro entender, desde mi ingenuidad que he llegado a valorar y respetar, por qué en un campo tan hermoso y estimulante como el arte puede haber una abundancia tan contraproducente de malas vibras.