la naturaleza de un jam

 

1. escuchar:


 

2. leer:

Sostener un instrumento puede llegar a ser algo intimidante. Una guitarra, un bajo, una batería, son artefactos imponentes, majestuosos. Uno se siente insignificante detrás de ellos.

¿Pero qué tal un lápiz, una taza, una hielera vacía? Eso no asusta a nadie y de igual manera pueden ser usados para crear tiempos y melodías que lo liberan a uno de los límites temporales y espaciales auto-impuestos.

De eso se trata el jam, de nada más escuchar y dejar que el alma hable a través de movimientos corporales sincronizados con el ambiente y la gente presente. 

Improvisar, no pensar. Si bien la práctica ayuda, no es estrictamente necesaria.


Como todo en la vida, no es fácil empezar. Hay que darle chance a la mente para que se acomode al ritmo principal. Usualmente empieza así. Algun@, el o la más valiente, comienza a darle.  Ya sea a las cuerdas o a los tambores, no importa.

Se crea una base, un sonido con un ciclo definido que envuelve a los participantes. A partir de ahí, nada más móntese. Comience a explorar su instrumento desde lo más visible hasta lo más íntimo y escondido. No deje que la usual entropía inicial lo desmotive, siga buscando hasta que encuentre algo que calce, que suene bien, que se acople. Sígalo haciendo.

Ahora si, apenas sus músculos se empiezan a acostumbrar al beat resonante, continuo y constante, se comienza a sentir el alineamiento total de la espina dorsal. La cabeza flota a milímetros del techo y los pies luchan por mantenerse en el piso.

Es ahí donde involuntariamente se deja de pensar, las manos se mueven por si solas y se percibe la situación desde otro plano. Todo tiene sentido. Cualquier cambio o movimiento se combina en perfección.   

Se juega con la atmósfera de la situación, se agarra absolutamente todo de su alrededor: el espacio, la gente, la luz, temperatura, olores; todo juega, todo es parte de. Es por eso que siempre es único, diferente, impredecible. El JAM nunca se repite, es tan aleatorio como la vida. Lo único garantizado es que siempre va a sanar el alma.

Como termine, ni se preocupe por eso. El jam tiene vida propia, él mismo se apaga. Ya sea por una piedra que cae de repente en el techo, el estallido de una cuerda o que los bolillos alcen vuelo. Cuando tiene que parar, va a hacerlo.

- memo hayden